
Para el asesor de Clinton, Dick Morris, las campañas nunca terminan y los gobiernos nunca comienzan. Esa es quizás la afirmación más concreta para describir lo que se ha denominado como la campaña permanente. Para Barranco, las técnicas de marketing político empleadas durante la campaña deben seguir siendo aplicadas después de haber ganado, durante el ejercicio real de gobierno, como una estrategia más de servicio y de información, en sentido ascendente y descendente, para determinar el grado de satisfacción de los ciudadanos y, en consecuencia, la eficacia de las acciones realizadas.
La campaña electoral y la campaña permanente en el gobierno tienen ritmos e instrumentos de persuasión distintos, pues la finalidad de la primera es ganar apoyo y mayorías y de la segunda conservarlos. La campaña electoral termina con el triunfo el día de las elecciones, mientras que la campaña permanente de gobierno empieza al otro día de las elecciones, fecha que no coincide con el de la posesión, presentándose un espacio de tiempo en el que se ha ganado el poder, pero en la práctica no se ejerce.
Muchos candidatos que han obtenido el triunfo se dedican a celebrar y el guayabo no tarda en aparecer en las crisis de los primeros meses de gobierno. Para iniciar adecuadamente un gobierno y por supuesto una campaña permanente al otro día de las elecciones hay que poner en marcha el plan de empalme. Los últimos gobiernos en Colombia han demostrado que quienes los han conducido se prepararon más para ganar las elecciones que para gobernar. Basta ver la incapacidad que han tenido, para hacer realidad sus programas de gobierno. Cuatro años es poco tiempo para cambiar una ciudad, un departamento o un país, más aún, si los primeros días se dilapidan demorando el proceso de toma de decisiones. La improvisación comienza cuando el afán electoral y la euforia del triunfo, no permiten diseñar y ejecutar un adecuado plan de empalme gubernamental.
Los objetivos de un empalme se pueden resumir en los siguientes aspectos:
- Evaluar la administración saliente para realizar una transición de gobierno que no traumatice, ni el normal funcionamiento de las instituciones, ni las actividades de la sociedad. Esto resulta importante teniendo en cuenta que hay sectores, como el productivo y financiero, muy sensibles a la inestabilidad e incertidumbre que genera el cambio de gobierno. Todos los gobiernos comienzan con el “sol de frente”, una especie de luna de miel con la opinión llena de expectativas, positivismo e ilusión. Se cuenta con capital político pero hay que gastarlo bien. Por ello no se puede arrancar de cero ni atropellar procesos en curso que han generado certidumbre y resultados positivos. Lo más aconsejable es iniciar una evaluación sobre la administración que se recibe. Por la estructura administrativa colombiana los más eficiente es comenzar con la evaluación, por las secretarias en el caso de los gobiernos regionales y por los ministerios y departamentos administrativos para el gobierno nacional. Se debe evaluar el estado de la agenda legislativa, de acuerdos y ordenanzas. Las corporaciones públicas tienen una dinámica propia y el seguimiento de ella se pierde cuando un gobierno esta de salida y el otro aún no ha entrado. De hecho el presupuesto que tienen que ejecutar los gobiernos locales en el primer año es aprobado en el transcurso de la transición. Si no hay un buen empalme el 25% del presupuesto que le correspondería a un gobierno se puede orientar a asuntos que no han sido considerados como prioritarios en el transcurso de la campaña. Evaluar los proyectos y políticas en curso para que en los primeros dias de gobierno no se presenten situaciones que generen crisis. Por ejemplo: no continuar con algunas medidas de seguridad pueden afectar las cifras de violencia y criminalidad. Evaluar el estado de toda la contratación es un asunto de extrema importancia, teniendo en cuenta que muchos contratos que fueron suscritos en la administración saliente, tendrán que ser liquidados por la administración entrante, con todo lo que ello implica en materia de responsabilidad fiscal, disciplinaria y penal. Un adecuado empalme tiene que detectar eventuales irregularidades para evitar responsabilidades. La evaluación de algunos temas especiales que han sido arduamente debatidos en el transcurso de la campaña o que hicieron parte de la propuesta contribuye al diseño de estrategias para dar una respuesta rápida tal como lo espera la opinión. La evaluación se debe hacer de manera imparcial y objetiva. Hay que recordar que ya se supero la etapa de campaña electoral. Se debe encontrar afinidad y discrepancias en las políticas públicas que están en marcha y las que se pretenden desarrollar, con un criterio constructivo y no destructivo. Hay que aprovechar el camino que se ha avanzado, recuerde que a partir de este momento las cosas positivas y los logros percibidos serán capitalizados por el ganador y no por quien esta de salida. Es más fácil que la gente reconozca los resultados, que la política que los logró. Concentrarse en los resultados es lo eficiente, pues difícilmente la gente le reconocerá al antecesor, la política que puso en marcha para obtenerlos. Los informes de evaluación deben ser cortos, claros y concisos, para que sean de fácil consulta para los futuros servidores. Deben sugerir una agenda de trabajo concreta.
- Adecuar un equipo de trabajo competente para sacar adelante el programa de gobierno. Lo primero que hay que hacer para ello, es organizar desde la campaña electoral un banco de hojas de vida que será de mucha utilidad en el empalme y en el desarrollo de todo el gobierno. Muchos aspiran a trabajar en los gobiernos pero muchas veces se necesitan perfiles tan especiales en lo técnico, en la experiencia, en el origen regional y en el respaldo político que se requiere acudir a un gran archivo clasificado y ordenado. En política no hay que tenerle miedo a las hojas de vida y mucho menos a que ellas provengan de la clase política. Lo que hay que tener es una organización para evaluarlas y clasificarlas de acuerdo a su perfil. Incluso esa organización debería estar soportada en una especie de software que permita identificar rápidamente unos candidatos por cargos, de acuerdo a los perfiles requeridos. El famoso computador que funciona bien para el equilibrio político debería complementarse con el banco de hojas de vida. La meritocracia no debería ser para proveer los cargos sino el banco de hojas de vida, que debe nutrirse con el curriculum de personas que, además de tener mérito para trabajar en un gobierno, no tienen antecedentes judiciales de ningún tipo. En los primeros días de gobierno la opinión, como no tiene elementos de juicio para evaluar la gestión que apenas comienza, concentra su atención en los nombramientos, en el equipo de gobierno. Muchos errores se comenten cuando por la ausencia de un adecuado banco de HV se nombran personas que han tenido antecedentes. Eso genera un desgaste innecesario del gobierno que tiene que comenzar explicando publicamente las razones de los nombramientos y defendiendo las virtudes cuestionadas de su equipo. La amistad justifica muchos nombramientos. Y es cierto, nadie gobierna con los enemigos. Pero el mérito más importante para trabajar en un gobierno, además de las cualidades profesionales, es su identidad ideológica y programática. Por eso parece absurdo que la clase política que apoyo a un determinado candidato no tenga la posibilidad de sugerir nombres para integrar el banco de hojas de vida. La posibilidad de hacerlo genera un compromiso político cuando a determinado grupo o partido se le ha encomendado, a través de uno de sus miembros o recomendados, la responsabilidad de estar al frente de determinada entidad con el compromiso de obtener resultados y logros. Cuando la entidad la asume un determinado partido, además de la responsabilidad pública de este, es una manera frente a la opinión de despersonalizar la responsabilidad del gobernante. La ausencia de un adecuado manejo con respecto a los cargos a proveer y las hojas de vida ha hecho que, en varios gobiernos, en entidades tan sensibles como el Instituto de Seguros Sociales se haya dejado vacante su presidencia por varios meses dejando al descubierto una profunda improvisación en la manera de gobernar.
- Definir la agenda sectorial para los primeros cien días de gobierno y poner en marcha, en los primeros cien días, las políticas públicas que desarrollarán el programa de gobierno y el plan de desarrollo. El gobernante debe concentrarse en el desarrollo de pocos proyectos que dejen huella de su programa y sus ejecutorias. Estos deben tener una respuesta y dirección en los primeros días de gobierno. Es decir, tomar decisiones que siempre estarán amparadas y legitimadas por el ambiente de luna de miel. En los primeros días de un gobierno la gente esta a la espera y ese es el mejor ambiente para tomar decisiones. Cuando tardíamente se inician los proyectos fundamentales para la administración se corre el riesgo de que la opinión tenga una visión distinta de las cosas y tenga una actitud ya no de espera sino de observación crítica. Lucho Garzón por ejemplo, se demoró en tomar decisiones con respecto al problema de los vendedores ambulantes, que siendo un problema social, debería haber tenido respuestas desde el primer momento del ejercicio de un gobierno que llego con grandes expectativas en la solución de los problemas de esta naturaleza. Cualquier decisión que se tome al respecto se verá tardía y sufrirá todo tipo de embates. Estos son los problemas de no contar con un empalme adecuado.
Para desarrollar estos objetivos se requiere un equipo capacitado que no hay que buscar, sencillamente porque la campaña no ha terminado. Termino la fase electoral pero comenzó la campaña permanente de gobierno. También se necesita una estrategia de comunicaciones. Después de una elección el gobernante de turno no existe. Todas las miradas están en el gobernante electo que tiene que saber manejar estratégicamente su exposición en los medios.
Diseñar y ejecutar un plan de empalme es la forma de iniciar una campaña permanente, es comenzar a persuadir a los ciudadanos de que el gobierno va a ser bueno.